Tane Da Souza Correa, más conocido como “el vaquereño” que quiere a toda costa la intendencia de su municipio, sigue acumulando contradicciones durante su gestión.
Hace más de dos años mantiene su área prácticamente inactiva, mientras opta por mirar hacia otro lado. Sin embargo, todo indica que la estrategia ahora será mostrarse más participativo: las elecciones están a la vuelta de la esquina y no quiere quedarse afuera.
Su principal contradicción deberá resolverse tarde o temprano. Su cercanía con el partido Felicidad —un espacio que hoy confronta abiertamente con el gobernador— no es bien vista dentro del oficialismo y deja más dudas que certezas sobre su verdadero posicionamiento político. Tampoco pasan desapercibidas las apariciones de su presidente, Sabbadini, junto al exgobernador Urtubey y el actual interventor del PJ salteño, donde, casualmente, impulsaron el pedido de elecciones urgentes en Vaqueros.
Pero vale la pena hacer memoria: Da Souza es un candidato recurrente que aún no logra concretar su objetivo. Su paso como concejal, su rol en la Universidad Nacional de Salta y su gestión en la Agencia de la Juventud han dejado más sombras que luces. En este último cargo, quedó en el centro de la polémica por una capacitación cuestionada por su falta de validez, además de conflictos con jóvenes que denunciaron destrato y un manejo autoritario en la oficina de calle Belgrano.
En este contexto, resulta inevitable contrastar sus discursos con sus propios antecedentes. En 2018 impulsaba la creación de un Defensor del Pueblo, hablando de transparencia, control institucional y defensa de los vecinos, aun cuando se reconocía que Vaqueros no contaba con los recursos necesarios. Lejos de ser una solución, proponía sumar estructura y gasto en un municipio con limitaciones evidentes. Esa lógica no fue aislada: decisiones y posicionamientos que no se condicen con la realidad económica, al punto de haber acompañado procesos que dejaron al municipio al borde del default.
Pero además, su propio posicionamiento político fue mutando con el tiempo. Como refleja su postura pública en años anteriores, supo cuestionar duramente al saencismo, el mismo espacio que hoy aparece en su órbita política, directa o indirectamente.
En definitiva, la figura de Da Souza parece sostenerse más en la ambigüedad que en la coherencia. Promesas que no se traducen en gestión, discursos que cambian según la conveniencia y una distancia cada vez más evidente entre lo que se dice y lo que se hace. Y en política, esa brecha es la que termina definiendo la credibilidad..
