Benjamín Netanyahu fue tajante al señalar que la ofensiva militar en territorio iraní está lejos de concluir. El mandatario explicó que el propósito central de estas operaciones es debilitar profundamente el liderazgo del gobierno islámico para permitir que la población se libere del actual sistema de poder. Según planteó el primer ministro, las acciones tomadas hasta el momento han logrado dañar seriamente la estructura del adversario, afirmando que las fuerzas conjuntas les están rompiendo los huesos mientras avanzan hacia sus objetivos estratégicos de desmantelar el régimen de los ayatolás.
Uno de los hitos más significativos de esta escalada fue la muerte del líder supremo Alí Jamenei durante la oleada inicial de bombardeos, quien fue recientemente sustituido en el cargo por su hijo, Mojtaba Jamenei. Esta designación es vista por Israel como un punto crítico para intensificar la presión sobre la cúpula gobernante, manteniendo el foco operativo en minar las capacidades de misiles balísticos y nucleares iraníes. Para Netanyahu, aunque la caída definitiva de la estructura gubernamental depende en última instancia de la reacción de los ciudadanos locales, el camino trazado junto a Estados Unidos busca una transformación política definitiva.
En términos de impacto militar y civil, las cifras oficiales revelan la magnitud del enfrentamiento iniciado el pasado 28 de febrero. El vocero del Ejército de Israel, Effie Defrin, informó que los bombardeos conjuntos con fuerzas estadounidenses ya han provocado la muerte de 1900 soldados y comandantes del régimen iraní. En paralelo, organizaciones de derechos humanos como HRANA estiman que las víctimas civiles superan las 1100 personas, reflejando el duro escenario de una guerra que, según las autoridades israelíes, no se detendrá hasta cumplir con sus metas de seguridad regional.
