Los Infernales reaccionaron a tiempo y forzaron el cuarto juego

Apremiados por la situación, Los Infernales debían ganar para seguir con vida en una serie durísima frente a San Isidro, y cumplieron. Fue triunfo por 63–57 para el conjunto salteño, que de esta manera se ganó el derecho a disputar un cuarto partido, el próximo jueves en su fortaleza: el Estadio Delmi.

El arranque fue parejo, con ambos equipos concentrados y estudiándose en cada posesión. Sin embargo, el local logró inclinar la balanza en el primer parcial (19-13) al aprovechar mejor las ofensivas, apoyado en un encendido Bruno Abratte, figura excluyente de la noche.

El joven base cordobés fue determinante en la primera mitad: clavó cuatro triples y condujo con inteligencia los ataques de Salta. En la visita, el goleo fue más repartido, con Mare y Ortiz como principales vías de anotación.

A pesar de la desventaja, San Isidro nunca se salió de su libreto y esperó su momento. Del otro lado, los dirigidos por Ricardo De Cecco, también con la presión de ganar, respondieron con paciencia y orden, en un duelo marcado por el conocimiento mutuo.

El acompañamiento del público volvió a ser clave. El polideportivo Ciudad de Salta vibró con el aliento constante, convirtiéndose en ese “sexto hombre” que empuja en los momentos decisivos.

A partir de allí, Salta encontró claridad en ataque. Abratte volvió a aparecer con un doble clave para estirar la ventaja a siete (62-55) a falta de un minuto. San Isidro luchó, dominó rebotes ofensivos, pero careció de eficacia para achicar la diferencia.

El cierre llegó en medio de una fiesta infernal. Salta ganó, sigue con vida y ahora irá por más: el jueves tendrá otra final en casa, con la ilusión intacta de forzar un quinto y decisivo juego.

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