Guerra, destrucción total. Acuerdo inminente, tregua, fin del conflicto. Así está Donald Trump desde hace 102 días. Pasa de la acción violenta – como cuando el 28 de febrero atacaron Teherán y asesinaron a Alí Khamenei – al anuncio de que “la guerra ha terminado”. Luego de esta frase pronunciada este jueves, se produjo una serie de versiones. Tanto sobre un supuesto plan de paz – uno más – como de un lugar para la firma de dicho entendimiento.
Según el ocupante de la Casa Blanca un posible acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán podría firmarse en Europa durante este fin de semana. Sin embargo, en Teherán aclararon que todavía no existe una decisión definitiva sobre el entendimiento.
Incluso, indicó que la ceremonia de firma tendría lugar en un país europeo y que una delegación de alto nivel de Washington participaría del encuentro. A la primera reunión – fallida – envió a su vicepresidente y a su yerno, negociador internacional especial de la Casa Blanca.
El mandatario también presentó el eventual pacto como el paso definitivo para terminar la guerra y garantizar la estabilidad regional, especialmente con la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos más importantes para el comercio mundial de petróleo. También insistió con otro de sus puntos básicos de la incursión militar sobre Irán: ese país no tendrá una bomba atómica.
De esta manera, mientras Trump sostiene que el final de la guerra está al alcance de la mano y que el acuerdo podría sellarse en Europa, las autoridades iraníes se mantienen inexpugnables. No confirman absolutamente nada: ni acuerdo y mucho menos, que se vaya a firmar en Europa.
En estos 102 días de conflicto Donald Trump puso en el tablero internacional una versión adaptada del “Juego de la Oca”. El tradicional entretenimiento de mesa que consiste en avanzar desde el inicio hasta la llegada por un camino plagado de “incidentes” que lo pueden hacer avanzar varios casilleros o caer, incluso, hasta volver a empezar.
Así se comportó el presidente de los Estados Unidos. Desde el primer ataque – el 28 de febrero – desde la Casa Blanca no hubo matices. Trump anunció un ataque con el que desaparecería una “civilización entera”, que terminaría con el plan nuclear de Irán, que el precio del petróleo bajaría como nunca al liberar el estrecho de Ormuz y una nueva etapa para la sociedad y el pueblo iraní. Al mismo tiempo, se peleó con el papa León XIV, con Georgia Meloni, con el primer ministro británico y hasta retó a Benjamín Netanyahu.
Guerra o paz: ¿firma de un acuerdo en Europa?
Esa es la agenda para el presidente Donald Trump. Un borrador del posible acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán contempla un cese permanente e inmediato de las hostilidades y podría extender sus efectos al conflicto en el Líbano, además de incluir un esquema para la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz. El documento incluso podría firmarse el domingo en la ciudad suiza de Ginebra, aunque todavía restan negociaciones.
Entre las exigencias iraníes para iniciar el proceso figuran el levantamiento de todas las sanciones impuestas por Estados Unidos, el fin del bloqueo naval sobre sus puertos y la liberación de unos 24.000 millones de dólares en activos congelados. El borrador señala que la mitad de esos fondos debería estar disponible antes del comienzo formal de las conversaciones.
Mientras el presidente Donald Trump sostiene que el entendimiento está muy avanzado, las autoridades iraníes se muestran más cautas y afirman que todavía quedan detalles por resolver. De concretarse, el pacto buscaría poner fin a la guerra, aliviar las tensiones regionales y abrir una nueva etapa de negociaciones diplomáticas entre Washington y Teherán. Como ese tradicional juego de mesa, el que tira los dados hace la próxima jugada. Que los puede acercar a la meta o hacer retroceder varios casilleros.
